Conversaciones III

Mientras esperamos

–Hola abuela… me abrió la tía Luci; me dijo que estabas acá en el patio… Al final vine, ¿viste? Tanto tiempo sin verte; pero acá estoy…

–Sí… ¿Vos sos el chico que estuvo cortando el pasto ayer, no? ¿Cómo estás, querido?

–No abuela, soy Matías, tu nieto… El hijo de Elvira.

–Ah, la Elvira ¿cómo está ella, nene?… ¿Por qué se deja de ver la gente?

–Está bien abue; ella me dijo que viniera a verte. Recién llego de España… te extrañé mucho.

–Mica, tu hermana, siempre pregunta por vos; es chiquita y sufre mucho.

–No pasa nada abuela, hablamos todos los días; además ella ya está casad… Te manda muchos saludos, me dijo que en estos días pasa por acá… ella también se preocupó mucho por tu salud. Pero te vas a poner bien; vas a ver.

–¿Qué decís, nene? Yo estoy bárbara; el que está un poco mal es tu abuelo; pero ahí lo tenés, se fue atrabajar como todos los días.

–Sí, el abuelo… Cómo se lo extraña.

–Es raro que no haya venido; ya deben ser las cinco.

–Pasan los años pero tu jardín está siempre igual: impecable.

–¿Qué hora es, nene?

–Las… las cuatro, abue.

–Ah, todavía falta.

–¿Qué linda tarde, no?

–La verdad que sí ¿Querés tomar unos mates mientras esperamos a tu abuelo?

–Sí abue, me encantaría… mientras esperamos.


Denuncia

―¡No lo puedo creer, prácticamente en la la puerta me roban!

―A ver a ver, un momentito ¿Qué le pasa, señor? ¿Por qué tanto grito?

―Un pendejo me robó el bolso acá en la esquina. Casi me saca el celular también.

―¿Pero te lo sacaron, o no?

―No, ¿no ve que lo tengo en la mano?

―¿Cómo dijo?… deje de escribir y respóndame ¿Esa es forma de hablarle a un oficial de la policía?

―¡Está armado el pibe! ¿No van a hacer nada?

―¿Quiere hacer la denuncia?

―¡No, quiero que lo vayan a buscar!

―Si, si, no te preocupes por eso pibe. Si querés hacer la denuncia, te sale cincuenta pesos… A ver deme un segundo… Si señor, como usted diga; no se preocupe.

―Yo sé que estos pendejos trabajan para ustedes… no tengo miedo.

―Que vivo que sos; ya sé que no tenés miedo.

―Me dan vergüenza.

―¡¿Sabés por qué no tenés miedo?! Porque sos el hijo, o el no sé qué del Comisario de la Séptima; sino, no durás ni un minuto acá. Pero andá a tu casa; andá tranquilo que ya lo vamos a buscar.


Confesión

―Vienen un poco más tarde los chicos; a las diez.

―Ah… en una hora.

―¿Pongo para unos mates?

―Dale, si querés…

―Bueno, pero… antes tengo que decirte algo, Silvi. No quería decírtelo acá. Tenía pensado citarte y hablar en un lugar más tranqui, pero no me puedo aguantar.

―Ay, Matías no me asustes ¿qué te pasó?

―Es complicado, pero bueno: lo que me pasa sos vos. Hace días que te estoy viendo de una forma especial y me di cuenta que me gustan muchas cosas de vos: tu carácter de mujer fuerte; tu simpatía… la verdad que te admiro.

―¿Qué es lo que querés, Matías? Hablá bien.

―Bueno negra, quiero saber si a vos te pasa lo mismo… ¿Es tu celu el que suena?

―Si, dame un segundo… Sí Mamá ¿qué pasó?

¡Ay! esta hornalla de porquería.

―¿Cómo? ¡no puede ser! Bueno, no te preocupes, ya mismo salgo para allá.

―¿Pasó algo?

―Es mamá, dice que internaron a mi viejo y que está grave.

―Te llevo, negra.

―No, dejá Matías, me tomo un taxi acá abajo; vos quedáte esperando a los chicos; pásenla bien. Nos vemos.

―Chau… ¿en serio no querés que te lleve?

―No Mati, no pasa nada.

―Esperá, ¿tenés mi celu, no?

―Cualquier cosa hablo con Carla, no te preocupes.


Sol de domingo

―Yo me muero si le llega a pasar algo a la nena.

―Quedáte tranquilo, Jorge, no tiene por qué pasarle nada.

―Cuando pare de llover hago todo el piso nuevo; me juego entero que es la humedad que hay en casa lo que le esta haciendo mal.

―Bueno, voy a entrar para ver que dice el parte médico ¿Querés venir, o me esperás acá?

―Andá, te espero.

―Ya vengo y te aviso cómo está.

―Yo me muero… Dios, ¿por qué?, es  tan chiquita la nena… Mirá, no sé bien cómo es esto; mi hermano dice que puedo hablar con vos en cualquier momento, que vos estás cerca. Él cree, yo no sé si creo. No sé, pero si la sacás a la nena de ésto te juro que voy a empezar a ir a la iglesia. Buena letra, vas a ver… Mandame una señal, o algo, así no pienso que estoy hablando sólo; es lo único que te pido… nunca te pido nada.

―¡Negro, vení, pasá!

―¿Cómo está la nena?

―Está respirando mucho mejor; vení.

―¡Qué bueno!

―Todavía falta, pero dice el médico que va por buen camino; si sigue así en unos días le pueden dar el alta. Vení a verla, está despierta.

―¡Gracias Dios!… Negra, vamos a tener que empezar a ir a la iglesia, eh.

―Sí, qué bueno, hace rato que quiero ir. Se los ve tan bien a la Bety y a tu hermano.

―¿Hoy es domingo, no?

―Sí… Está saliendo el sol; por fin. Dios quiera que cambie el tiempo…


 Visita al Zoo

―¡Señorita, señorita, el avestruz le robó la manzana a Marcelito!

―¡Será posible; no te podés mover un minuto! ¿Dónde está?

―Está sentadito en el banco; llora.

―¿No les pedí que lo vigilaran, nena?

―Sí, seño, pero el avestruz sacó la cabeza por la reja y le comió la manzana.

―Bueno, lo lamento mucho pero no hay más fruta.

―Ahí está, sigue llorando.

―¿Qué pasó Marcelito?

―Yo estaba con la manzana en la mano y me picó el pájaro.

―¡Mire señorita, se le quedó la manzana trabada en el cuello al avestruz!

―Bueno, no llores más, Marcelo yo te convido de la mía, pero tené un poco más de cuidado la próxima.

―Cuando me picó los chicos se reían y yo tenía miedo.

―A ver la mano; no pasó nada.

―Es muy grande el avestruz, es como un dinosaurio.

―No, Marcelito, no es como un dinosaurio ¿Querés tocarlo?

―¿Tiene dientes?

―No, no tiene dientes, tiene pico.

―No me gusta.

―Seño, dígale si quiere ir a ver otros animalitos; pobrecito.

―¿Qué decís nena?, si sabés que no puede ver.

―Bueno, quise decir: tocarlos.

―No, igual no quiero. No me gusta el zoológico. Quiero ir a casa.

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Ver: “Conversaciones I” y “Conversaciones II“.


“Conversaciones III”, por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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2 comentarios sobre “Conversaciones III

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