Conversaciones II

Taxista y un pasajero

―¿No acabamos de pasar por esta calle?

―No, es que tuve que retomar porque allá adelante está cortado.

―Qué raro.

―¿Hace frío afuera?

―¿Por qué? ¡Ah!, ¿por la bufanda? Es que soy cantante; hay que cuidar la voz.

―¿Y toda esa gente que estaba en la puerta del teatro fue a verte?

―No precisamente, somos un equipo bastante grande, aunque me convocaron para ser la voz principal.

―Yo escucho toda la música.

―Que bien, es muy linda la música… Soy tenor.

―¿Eso es música clásica, no?

―Podría decirse.

―No tengo mucho escuchado ¿Salió bien el show?

―Sí, quedó muy contenta la gente; aplaudían de pie. Pensar que hace menos de 15 minutos estaba parado en el medio del escenario con mis compañeros recibiendo la ovación.

―Esta radio te va a gustar entonces, pasan de todo. Ahora empiezan con folklore y le dan hasta las siete, después arranca un programa de música de antes: los Pasteles Verdes, Leo Dan, todo eso hasta las ocho y media; está bueno… y a la trasnoche hay un hombre que cuenta cuentos, tenés que escucharlo, muy inteligente el tipo.

―¿Qué radio es?

―AM 1470.

―¿Queda muy lejos el hotel?

―Veinte cuadritas, más o menos.

―Qué raro, me dijeron que estaba relativamente cerca del teatro.

―¿El hotel Alvear?

―Sí, si.

―Te vieron la cara. Veinte, veinticinco cuadritas.


Amabilidad

―¡Buenos días!

―¿Qué tal, cómo estás?

―¡Ah, por fin! Casi llego a pensar que mi nombre es “deme”.

―¿Por qué?

―Y, doña, la verdad que es raro que me devuelvan el saludo.

―La gente está muy irrespetuosa, nene, pero no hay que dejarse llevar, después andamos con las caras largas; no tiene sentido.

―La verdad que no ¿Qué iba a llevar señora?

―Me gustaría un agüita mineral, si sos tan amable.

―Por supuesto… ¿algo más?

―No, nada más. Lo que sí, te pido si me hacés cambio, por favor; tengo que pagarle al taxi que me está esperando.

―Sí, señora; descuide.

―Que chiquito es el local ¿Cómo estás ahí adentro con este calor tan sofocante?

―Más o menos; estas heladeras tiran un calor insoportable.

―¿Tenés aire al menos?

―Tengo el turbo, pero la verdad que es igual que la nada porque me da aire caliente.

―Bueno, paciencia querido.

―Es lo que más me falta, pero, bueno: sírvase. Que tenga un lindo día; muchas gracias.

―Chau, nene, gracias a vos.

―Adiós… ¡Ay doña, este billete!… ¡Señora, señora! ¿Ya se fue? No te la puedo creer, qué bien que me la hizo.


Así funcionan las cosas

―A ver, vamos, baje la ventanilla.

―No baja, ¿qué quiere?

―“¿Qué quiere?” ¿A usted le parece que puede andar con esto por la calle? Va a provocar un accidente.

―Treinta años manejando.

―¡Señor, esta camioneta no tiene ni patente! ¿Qué es esto?

―Mirá te la voy a hacer corta: es mi herramienta de trabajo, la uso acá en el barrio y nunca tuve un problema.

―No me levante el tonito, señor; soy funcionario público.

―Y yo soy “Juan Pelota”.

―¿Cómo dice? ¡Bájese, bájese inmediatamente!

―Tocame devuelta la camioneta…

―¿Que?; y ¿a esto le llama camioneta? ¡Bájese, bájese ahora mismo!

―Te lo dije…

―¿Qué hace? ¡Métase, métase!

―Te voy a enseñar como funcionan las cosas, enano de porquería.

―¡Métase!… Hola, soy Andrade de la patrulla municipal, mandame un móvil; estoy en…

―Dame eso.

―¡No el handie, no! ¿Por qué lo pisó? Eso es “delito contra la…” ¡Ay, suélteme!

―Oíme bien: quiero que te vayas por donde viniste sin decir ni mú.

―No me pegue, por favor.

―“¿No me pegue?” Te voy a enroscar la corbatita en el cuello hasta que te pongas morado.

―No hace falta; ya está, por favor.

―Funcionario… agradecé que todavía te funciona la cabeza; si no me dieras lástima, también te la hubiera aplastado.


Intendente y su asesor

―Disculpe Ingeniero, se lo voy a tener que decir sin vueltas: el bigote no garpa.

―¿Que tiene de malo?

―Mire, necesitamos un cambio de imagen, no se olvide que estamos abajo en las encuestas; lo haría verse más joven.

―La gente quiere experiencia, Licenciado.

―Piénselo bien Intendente; a la hora de levantar las encuestas, todo suma.

―Ya lo habíamos hablado, Licenciado; creo que es caso cerrado.

―Al menos probemos un tiempo; anímese.

―El bigote no se negocia; lo usó papá, mi abuelo, mi bisabuelo y paremos de contar, no se cuantas generaciones.

―Por supuesto; pero piense que la gente tiene siempre la misma imagen de usted ¿Que pasaría si un día aparece sin bigote?: todo el mundo estaría hablando del tema.

―No sé; ¿y si me tiño las canas de las patillas?

―No está muy bien visto, Intendente; es un poco superficial; a la gente le gusta mucho más lo natural. Por eso le digo del bigote.

―¡Ya se! ¡Tengo una idea genial!

―A ver.

―¿Qué le parece si me hago una anchoíta?

¡Ay no, no lo puedo creer! ¡Que pedazo de imbécil que es este tipo!

―¿Como dijo?

―No, perdón… Intendente… Estamos nerviosos… las encuestas… Permiso.

―Vaya, Licenciado; salga de mi vista, por favor.

―Disculpe Ingeniero; hasta luego.

¿Qué le ven de malo?…  Tal vez me lo recorte un poco. No… “no va a haber recorte”… ¡Licenciado, venga, ya tenemos eslogan!


Dr. Perry

―¡Doctor Madison!

―¡Perry, qué bueno encontrarlo! ¿Cómo le va, tanto tiempo?

―Acá estamos colega; en la rutina de los días. Hace dos años y medio que estoy acá. Siempre lo mismo, siempre el mismo recorrido. Trato de matar el tiempo caminando, ¿vio?

―Si, es lógico, a ésta altura de las circunstancias… Pero ¿usted cómo está, Perry? ¡Siempre lo tengo presente!

―¿La verdad?: me faltan dos materias para recibirme de loco; a diferencia de usted, que usted ya es Doctor.

―Que gracioso, mí amigo. Voy a estar acá algunos años, nos podremos encontrar en este pasillo o en cualquier lugar de este edificio; dónde y cuándo usted más lo desee ¿Qué le parece?

―Serán lindos momentos, Doctor Madison; ya lo estoy presintiendo…

―Lo dejo Doctor; ahí veo venir a su enfermera; cuídese, Perry.

―Señor González, ¿qué está haciendo acá encerrado? lo estaba buscando ¿No piensa tomar la medicación hoy?

―Sí, claro; vamos hermosa.

―Bueno, tampoco se pase de vivo…

―¡Adiós Madison!

―Adiós, Buen hombre… ¡Doctor Perry, disculpe, usted no me ha dicho por qué está en este hospital!

―¿Por que estoy acá?: ¡es que dicen que hablo sólo!

*Ver: “Conversaciones I” y “Conversaciones III“.


“Conversaciones II”, por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.


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